Son las seis en punto. Se abren las puertas de la Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, propiedad de la cofradía, y comienza una de las procesiones más representativas y conocidas mundialmente gracias a las obras de arte, de incalculable valor, esculpidas por el inmortal escultor murciano del siglo XVIII Francisco Salzillo.

Más de cuatro mil nazarenos, entre penitentes, mayordomos, estantes, promesas y secciones de bocinas, visten la túnica morada y muchos de ellos caminan descalzos a lo largo de más de ocho horas por las calles murcianas.

Los pasos que forman esta majestuosa procesión son:

1. La Santa Cena (1763)

2. La Oración en el Huerto (1754)

3. El Prendimiento (1763)

4. Los Azotes (1777)

5. La Verónica (1755)

6. La Caída (1752)

7. Nuestro Padre Jesús Nazareno (1600)

8. San Juan (1756)

9. La Dolorosa (1755)

Todas las obras son de Francisco Salzillo, excepto Nuestro Padre Jesús Nazareno, que es anónima.

La procesión tienen momentos muy intensos:

Como puede ser la salida del templo, con la complejísima maniobra que realizan sus estantes y la pericia de éstos para sacar a la calle, por la estrecha puerta del edificio, los pesados pasos o insignias.

Contemplarla por las estrechas calles de la ciudad. Presenciar el cortejo, al filo de mediodía, por las plazas de Santa Catalina o Las Flores.

Deleitarse con las difíciles maniobras para pasar por la calle San Nicolás, donde, incluso, los espectadores tienen que levantarse de las sillas para que los pasos puedan discurrir.

El entorno del convento de las Agustinas o, ya con las primeras horas de la tarde, ver la recogida de nuevo en la plaza San Agustín, con la dificultad que entraña su entrada en el templo tras ocho horas de trabajos y fatigas.

Sin duda se trata de una de las procesiones que debe verse, al menos, una vez en la vida. Sólo así puede apreciarse su espectacularidad y belleza.